lunes, noviembre 26, 2007

Volando en brazos del dolor

La Tierra, Algún lugar en mitad del cielo
Paithan Silverhead había conseguido salir de aquel aparato. No había podido salvar a nadie y aquel enorme pájaro de metal los había arrastrado hacia las profundidades del mar. Se sentía dolorido y no por que tuviese alguna herida, si no por la impotencia que sentía por haberles dejado morir. ¿Qué haría ahora?
A lo lejos pudo ver un remanso de tierra, podría descansar allí. Le empezaban a doler las alas. El cielo estaba completamente negro, ¿Sería verdad lo que había pronosticado Pauryn? Su señor no podía haberle traicionado… ¿Qué pasaba en el mundo de los hombres?
Aterrizó lo mejor que pudo, pero no fue suficiente. Cayó de rodillas. ¿Por qué no podía dejar de llorar? Se sentía como un niño pequeño al que sus padres le han engañado. Pero aún era pronto para pensar eso, debería hablar con el señor de los Djinn para preguntarle por lo que estaba sucediendo.
-¿Paithan? ¿Paithan Silverhead?
El Djinn se levantó sorprendido de que alguien en aquel mundo le conociese, se giró bruscamente y vio como del suelo surgía una figura humanoide. Tenía la piel azul nacarada y ligeras incrustaciones rocosas en algunos puntos de su piel. Vestía un traje confeccionado con algas y en sus manos y en sus pies lucían una membrana interdigital. En su hombro llevaba una marca, que no pasaba desapercibida pues estaba confeccionada con oro y plata, engastada duramente sobre su piel.
- ¿Eres miembro de la corte de los Ondinas?
El ondina sonrió mientras salía del agua.
- Supongo que no soy tan conocido como tu Paithan Silverhead. Mi nombre es Arkhron, Arkhron Silvadorin.
- ¿Hijo de la señora del mar? – Paithan lo miró incrédulo - ¿Qué haces en este mundo?
- Pues la verdad es que no lo se. Salí del palacio Aqualung en una misión singular y cuando quise darme cuenta, tenía delante de mi un barco que se estaba hundiendo.
- Mas o menos me ha pasado lo mismo. Me dirigía a la sede de Lord Vortex, cuando de repente me encontraba dentro de un pájaro de metal que caía. Menos mal que me di cuenta a tiempo y pude escapar. Todos los demás que había dentro murieron.
- Supongo que con los del barco sucedería lo mismo.
De repente los ojos de Arkhron se iluminaron y vieron en Paithan algo diferente, a su alrededor había aparecido un aura diamantina que lo envolvía y que se esparcía lentamente…
-¡Tu! –dijo señalando al Djinn.
-¿Qué?
- ¡Eres uno de los diamantes¡ Ahora solo me faltan dos.
- ¿Qué diamantes? ¿De que estás hablando?
- De los diamantes que se unirán para luchar contra lo que se avecina.
-¿De que hablas? ¿Qué es lo que se avecina?
- ¡De eso! -.
Arkhron señaló a lo lejos. En mitad del cielo una gigantesca nube negra, como un trozo de carbón, se arremolinaba sobre si misma uniéndose al mar. A su alrededor, infinidad de rayos la cruzaban otorgándole un aire más siniestro.
- La oscuridad ya está aquí.

viernes, noviembre 16, 2007

Cuando el hierro duele

Mundo mágico (hora global)
Las cataratas del arco iris perdieron su color de la noche a la mañana. Todos los que habitaban en el claro del unicornio se preguntaron cual era el motivo, pero nadie sabía dar explicación alguna. Ese fue únicamente el primer signo de que la oscuridad empezaba a andar entre ellos.
La hierba de la gran pradera, verde y reluciente, incluso en noche cerrada, había perdido su vida y su resplandor. Las muertas briznas de hierba se movían empujadas por un gélido viento. Los pequeños animales que allí vivían no sabían como actuar, pues su única defensa ante los astutos depredadores les había sido arrebatada.
Las cuevas de cristal, morada de las hadas dragón, se convertían irremediablemente en fría piedra. Las coloridas y transparentes estalactitas, se volvían opacas y cedían su propio peso, resquebrajándose y en el peor de los casos convirtiéndose en polvo.
Las nubes rojas eran el presagio de que todo cambiaba, el presagio de que algo estaba a punto de suceder. Al parecer la comunicación entre ambos mundo se había interrumpido. Los sueños de los hombres se almacenaban irremediablemente en el cielo de su mundo, y los efectos beneficiosos de los seres mágicos no llegaban a su destino. Un mundo no podía sobrevivir sin el otro. Y él lo sabía.
Dentro de un armario, en una habitación del castillo Faerum habitaba la oscuridad. El Caos. Las puertas se abrieron golpeando bruscamente las paredes de roca volcánica. Y salió de su voluntario cautiverio. Como una nube de un gas que se esparce rápidamente, aquel ser oscuro envolvió el castillo en su totalidad. Su ardiente resplandor rojizo, lleno de vida y calor, se tornó frío azul, como los místicos fuegos de San Telmo que guían a los marineros o los vuelven locos.
En el epicentro de aquel punto de oscuridad estaba el regente de los Genios, el señor Crept FireQuaker y el señor oscuro se reía por su boca de la que emanaban frías llamas. Sus ojos se volvieron negros como el carbón y su expresión era de todo menos ardiente. Su cruel carcajada se expandió como el veneno se esparce por la sangre y las oscuras llamas devoraban todo aquello que encontraban.
En otro lugar, dónde el fuego no tiene cabida, donde el azul es el color natural, la señora del pueblo Ondina empezó a notar la oleada de maldad que azotaba el mundo.
- ¡Arkhron rápido! ¡Ya lo tenemos aquí ¡
Miss Lung Silvadorin se desplazaba inquieta por sus aposentos. Sabía que el plan de la oscuridad era detener la comunicación entre los mundos. El mundo de los humanos no podría proporcionar el sustento al mundo mágico, y este, no podría ejercer sus beneficiosos influjos sobre la vida de los humanos.
Los diamantes tendrían que abrir la puerta rápido o todo estaría perdido.
- ¡Confío en ti hijo mío!

miércoles, octubre 31, 2007

Empieza la amenaza Oscura, el cielo se nubla

La Tierra (hora mundial),
El sol brillaba radiantemente en la mayoría de los países dónde era de día. La luna brillaba con una palidez excepcional allí donde había llegado la noche. La vida de los humanos parecía seguir con su rutina de sufrimiento y desolación. Pero algo estaba cambiando y había pasado desapercibido a los ojos de los hombres que negaban todo aquello se escapaba a las explicaciones lógicas a las que estaban acostumbrados.
Todo el dolor y las dificultades a las que ya estaban acostumbrados se vieron incrementados gradualmente. Los enfermos terminales empezaban a morir súbitamente, incluso cuando su esperanza de vida superaba el medio año. Los niños más débiles empezaban a caer enfermos y los más fuertes, se volvían más débiles. Los campos empezaban a volverse estériles y las ubres de la vaca más lechera del mundo, quedó inutilizada, pues su leche salía agria.
El cambio climático fue la diana de todas las quejas del hombre, sin saber que algo mucho mayor que su propia existencia, mucho más antiguo incluso, estaba azotando la existencia de varios mundos. Líderes mundiales se reunieron para intentar encontrar una solución y así de paso aprovechar para llenarse un poco más los bolsillos, pero lo único que se encontraron fueron problemas, quejas y más disturbios. Los miembros más tímidos, aquellos que asistían a las reuniones para asentir en todo lo que se decía, se volvieron los más agresivos y muchos de los grandes lideres, eran víctima de acoso por parte de la prensa y los rumores que corrían a cerca de ellos, salían a la luz con una facilidad incalculable.
El mundo había entrado en la era del caos. Todo el orden que se había construido durante miles de años, se perdió en una noche, la noche en la que las nubes aparecieron.
El cielo quedó completamente encapotado, cubierto por un espeso manto negro, amenazante de tormenta, o de algo más.
El Apocalipsis estaba cerca, y solo cuatro personas eran la clave para la salvación.
La oscuridad había despertado, solo el brillo de los diamantes podrían frenar el terrible desenlace.

lunes, octubre 08, 2007

Tsunami

Mar Mediterraneo 13:45 p.m
Algo no andaba bien. Aquel sueño que había tenido no era del todo normal. Albert se volvió a tumbar en la cama de su camarote.
¿Cuánto tiempo había pasado ya desde qué partió de Valencia? ¿Por que no se le pasaba aquella sensación de mareo? Una cosa había clara, los viajes en barco no eran para él. Añoraba el sentir sus pies en el firme suelo de la tierra, pero sus padres le había practicamente obligado a emprender aquel viaje. ¿Por qué tenía que ir solo a las Islas Canarias? ¿Por qué no le podían haber acompañado a vistiar a su hermana? Sabían perfectamente que odiaba navegar.
Para colmo, agragado a aquellas nauseas eternas, sentía la intranquilidad de aquel sueño, aunque le reconfortaba claramente el recuerdo de aquel ser, ¿cómo se llamaba? ¿Silvarin? no, Silvadorin, Lung Silvadorin ¿su madre? No, la madre de un tal ¿Arkhron? ¿Por qué se sentía tan identificado? ¿Por qué sentía ganas de ir a Stonehedge?
Decidió que el aire fresco le sentaría bien. Sería mejor que subiese a cubierta y que el sol del medio dia le reconfortase, eso si conseguía salir de la cama.
Bajo un gran esfuerzo se levantó y caminó hacia la puerta ¿Eran imaginaciones suyas o el barco se movía cada vez más? Abrió la puerta y vio a mucha gente que corría hacia sus camarotes. Albert los miró extrañados.
Llegó hasta las escaleras que subían hacia el exterior y salió.
El mundo se calló a sus pies. Esperaba encontrar un cielo diurno completamente radiante, con un sol brillando en mitad de el. En su lugar, solo había nubes. Negras nubes de tormenta que oscurecían el día, como si bien entrada la noche fuera. De vez en cuando algún que otro relámpago resaltaba los oscuros perfiles de la tormenta.
La lluvia no tardó en aparecer. En cuestión de segundos todo estaba cubierto por una densa capa de agua que encharcaba toda la cubierta.
-¡Socorroooo!
Escuchó el grito pese al sonido de fondo. Salió corriendo y vio como un miembro de la tripulación caía por la borda ¿No había nadie para ayudarle?
Sabía perfectamente la respuesta. Él era esa ayuda. Su mareo parecía haber desaparecido por completo y corrió para asomarse a la baranda. Estaba completamente empapado y ´buscaba aferradamente una cuerda. ¿Por que buscaba una cuerda? ¡No estaban en uno de esos galeones de piratas! Tenía que hacer algo y rápido.
"Arkhron date la vuelta"
Siguió la voz que le habló en su interior y se giró. Se le heló la sangre. Una inmesa ola amenazaba con engullir al enclenque TransMediterraneo.
Un brusco golpe lo arrojó al abrazo del mar. La caída duró unos segundo que para él fueron eternas horas. El impácto fue brutal. Se undió varios metros y abrió los ojos. Solo veía espuma y burbujas que se arremolinaban a su alrededor. ¿Por qué no le picaban los ojos? ¿Por qué no se ahogaba? ¿Estaba respirando?
Se miró las manos. Eran azules, ¿Arkhron? Su preocupación cambió radicalmente. Había algo que tenía que hacer. ¿Buscar tres diamantes?
A su lado apareció el cuerpo inherte del marino. Lo miró, se compadeció y mando a las olas que lo llevasen hacia un lugar donde pudiese ser allado. Pocos segundo después, vió el barco como era engullido por las profundidades del mar. Ya no podía hacer nada... Los que estuviesen dentro estarían muertos. Pero su misión era salvar muchas más vidas. Tenía que darse prisa.
Albert había aprendido a nadar...

miércoles, octubre 03, 2007

Volando entre las llamas

Madrid 03:00 a.m.
El sueño se estaba volviendo cada vez más raro. El calor que sentía cuando era aquella criatura de fuego permanecía, pese a que todo había adquirido otro matiz. Ahora volvía de nuevo a ser él, pero estaba en la cima de una montaña acercándose a las estrellas. Las tenía cada vez más cerca y al parecer quería tocarlas. En su espalda llevaba unas alas emplumadas que se abrían cada vez que perdía el equilibrio.
Llegó finalmente al punto más alto. Ya no quedaba más terreno para seguir escalando, pero quería más. Quería aquella estrella que le guiñaba tan sensualmente el ojo, pero parecía imposible llegar a más. Solo había un método y lo llevaba adherido a las espaldas. Tenía que utilizar sus alas para llegar a las estrellas.
Se asomó a la ladera de la montaña y comprobó que lo único que veía eran nubes, ni rastro del suelo. Armado de valor y con la perseverancia como único escudo, se lanzó al vacío.
Las alas se abrieron de forma automática y frenaron un poco su caída, actuando cual parapente. Lentamente consiguió moverlas, primero una, luego la otra y finalmente ambas a la par. La caída cesó y empezó a dibujar un movimiento ascendente. Estaba volando y su querida estrella estaba cada vez más cerca. Por fin iba a poder conseguirla. Pero volvió el calor.
A medida que se acercaba al firmamento, el calor aumentaba. Las estrellas brillaban con más intensidad, estaba próximo a su destino. Nada podía pararle ya. Y estaba en lo cierto, a él nada le hubiese parado, pero a sus alas las paró el calor.
Como el mito del joven Ícaro y su padre Dédalo, el calor de las estrellas empezó a fundir sus alas, que iban perdiendo gradualmente la fuerza con la que le mantenían en el aire. Poco a poco dejó de ganar altura y en cuestión de segundos, volvió a ser susceptible a la fuerza de la gravedad que lo arrastraba hacia el duro abrazo de la tierra. El golpe lo mataría y en el firmamento la estrella se reía.
Despertó sudoroso, en su habitación hacía mucho calor, demasiado calor. Aquello no era normal ¿Qué estaba pasando?
De repente el sonido de azulejos estallando le alerto. Provenía de su terraza. Rápidamente subió la persiana y su corazón se paró cuando vio lo que le esperaba fuera.
Aquello era el infierno. Todo estaba siendo devorado por las llamas. Salió corriendo de su habitación y se dirigió a la terraza. Cogió la delgada manguera que utilizaban para regar las macetas y encendió el grifo. El débil chorro de agua era insuficiente para extinguir aquel infierno. La uralita del techo había prendido también y se consumía a una velocidad descomunal.
La persiana, al ser de plástico, empezó a deshacerse, descolgándose de sus guías. Todo estaba perdido. Estaba completamente rodeado por las llamas, o llegaban ya los bomberos o estaba muerto.
-¡No he avisado a los bomberos!
De repente sintió la necesidad de pedir ayuda, tenía que sobrevivir de alguna forma. Todos sus esfuerzos eran inútiles. El calor le rodeaba, lo consumía por dentro. Sentía el fuego en su interior, un fuego que crecía más rápido que el propio incendio.
Cuándo creía que todo estaba perdido el fuego paró. No se extinguió si no que las llamas detuvieron su frenético baile. El se sentía diferente, vio como el fuego empezaba a dibujar los movimientos que dibujaba con sus brazos ¿Le hacía caso el fuego? En cuestión de segundos todas las llamas se arremolinaron a su alrededor. No notaba su cálido abrazo y el resplandor no le molestaba. El fuego empezaba a adherirse a su piel transformándola, cambiando su pálido color.
En cuestión de segundos el fuego había desaparecido y únicamente quedaba en una chamuscada terraza una chica de ígneos cabellos, de rojiza piel y de ropajes flameantes.
Sólo le surcó su mente una palabra… Stoneheadge

domingo, septiembre 02, 2007

La dureza, fragilidad interior

CENTRAL DE AUTOBUSES DE VIGO 22:00 p.m
La maleta se encontraba en el portamaletas de la gran máquina. El motor llevava horas rugiendo y las ruedas giraban frenéticamente para llevar lo más rápido posible a toda aquella gente a su destino.
Mª José estaba cansada. La noche anterior se había corrido una gran juerga, sus amigos querían despedirla y desearle un buen viaje. El alcohol había brillado por su rapidez en agotarse, al igual que en reproducirse y la musica aún retumbaba en sus oidos.
La cabeza le daba vueltas y el ambiente no acompañaba pues el calor era sofocante. Al parecer el aire acondicionado del autocar no funcionaba y las ventanas unicamente se abrían lo justo para dejar entrar un pequeño chorro de aire que apenas se notaba. Aquello era realmente un infierno.
Sentía nauseas. De un momento a otro iba a vomitar. No podía evitarlo. Se levantó corriendo de su asiento apartando casi a empujones, al compañero de su lado y corrió en dirección al conductor para avisarle de que parase el vehículo.
Maldita providencia cuando un perro se cruzó en el camino. El hombre, que había visto antes al can, que a la pobre nauseabunda, frenó en seco. El perro se salvó. Mª José empezó a volar. Su cuerpo había abandonado el contacto con el suelo del autocar y veía como irremediablemente se acercaba a la luna delantera. Se llevó las manos a la cara, como si fuese a servirle de protección.
Su cuerpo se volvió duro al igual que la roca que la acogió en su seno. Solo escuchó el sonido de los cristales romperse seguidamente de un seco golpe, como si dos rocas hubiesen chocado.
No le dolía ni un hueso, pero no se atrevía a a abrir los ojos. Sentía miedo, no quería ver que había pasado.
-¿Estás bien chiquilla? - le preguntó una voz, que recordaba como la del conductor.
- ¡Si, creo que si!.
Mª José se levantó arrascandose en la cabeza el lugar donde se había propinado el golpe y miró algo aturdida a la gente, que la miraban anonadados.
Tras un golpe así debería estar muerta, o prácticamente incosnciente.
El viaje al parecer se iba a retrasar. Se miró las manos y se frotó los ojos cuando le pareció ver como abandonaban un estado petreo para ser de nuevo carnosas.
Algo había pasado, aunque lo más gordo todavía estaba por pasar.

lunes, marzo 26, 2007

El despertar del primer diamante, bienvenido al mundo cruel

AEROPUERTO DE BARCELONA 16:00 p.m
-¡Última llamada para los pasajeros con destino Londres!
Simón no podía respirar. Llegaba tarde. Había facturado sus maletas cinco minutos antes de que procediesen al cierre de la terminal, y ahora perdería el vuelo. ¿Por qué se había estropeado el despertador justo en aquel día?
El viaje era realmente importante. Todo debía resultar a la perfección, debía cerrar el trato con aquel magnate del negocio de la informática y ganaría muchos puntos para su futuro ascenso. Pero algo le decía que no iba de viaje de negocios... El sueño todavía se repetía en su mente.
Llegó a la puerta de embarque justo a tiempo. Mostró sus billetes a las azafatas y pasó por el largo pasillo metálico que le conducía hacia el aparato volador.
El resto de pasajeros ya estaban sentados y todas sus miradas se clavaron en él.
Rápidamente se colocó en la fila donde estaba situado su asiento y esperó a que los otros dos ocupantes le dejasen pasar, le había tocado la ventailla.
-¡Mira mamá un ángel!
Un niño le señalaba a lo lejos. le miraba con los ojos abiertos de par en par, mientras la mano de su madre le obligaba a tomar asiento correctamente.
¿Qué había visto ese niño? ¿Por que le señalaba?
Se colocó lo más conforablemente posible y se ató el cinturón. Las azafatas empezaron con el original baile indicador de las salidas de emergencia, los chalecos salvavidas y toda la demás parafernalia que debían usarse en el caso de posible accidente.
Sabía que todo era inutil. Si algo pasaba nadie lo contaría.
Se agarró fuertemente al reposabrazos, intentando disimular el miedo que sentía a volar. Se quedó dormido.
En su sueño abrió las alas, sus colores atornasolados y luminescentes, iluminaron la oscuridad que le envolvía. Su pelo se había vuelto plateado y sus ojos azules, se habían enfriado aun más, dando lugar a un profundo color violeta. Remontó el vuelo y bajos sus pies vió bastas extensiones de tierra. A lo lejos parecía acercarse una tormenta, el viento cada vez era más fuerte y las negras nubes se avecinaban.
Despertó movido por las sacudidas que daba el avión. Las turbulencias eran muy fuertes y la gente chillaba histérica. El exterior estaba completamente oscuro, solo se veían los pilotos rojos que indicaban la posición del avión.
Lo estaba pasando realmente mal. Se aferró con fuerza a los reposabrazos intentando contener los chillidos que amenazaban con brotar de su garganta.
El sonido del rayo al impactar con el ala del avión le destrozó. El trueno que le siguió fue lo último que escuchó, los chillidos de los pasajeros se hicieron inaudibles, el avión caía en picado hacia el mar.
Ninguno lo contaría.
Poco a poco su oscuro cabello se fue aclarando volviendose más blanco que la nieve, sus ojos se enfriaron.

Paithan SilverHead había despertado.